Iquique se convierte en el epicentro de la Memoria Obrera: Conmemoran 101 años de las Matanzas de 1925 en la Pampa Salitrera

IQUIQUE. En un emotivo y multitudinario encuentro que entrelazó la crudeza de la historia con la mística de la resistencia sindical, la región de Tarapacá revivió la memoria de sus mártires. Bajo la organización del Comité de las Matanzas Obreras Pampinas de 1925, la Central Unitaria de Trabajadores (CUT) y la Federación Minera del Norte (FEMINORT) -brazo orgánico de la CTC-, se llevó a cabo el acto central de conmemoración de los 101 años de las matanzas de Marusia y la Oficina Salitrera La Coruña, una de las mayores tragedias colectivas perpetradas por el Estado chileno en tiempos de paz.

El evento, cargado de discursos combativos, expresiones artísticas y reflexiones políticas e históricas, se alzó como un muro contra el olvido y el negacionismo contemporáneo.

El peregrinaje a la tierra del dolor y la esperanza

La antesala de este hito conmemorativo estuvo marcada por el despliegue del Comité Memoria Mártires del Salitre 1925. Alrededor de un centenar de pampinos y pampinas, movilizados por el arraigo y el respeto a sus ancestros, realizaron un significativo peregrinaje hacia la localidad de Huara y las ruinas de la Salitrera Maroussia.

El homenaje en pleno desierto contó con el apoyo artístico del Liceo de Huara y diversos conjuntos folclóricos que rescataron las danzas típicas de la pampa. Tras el acto formal, una convivencia comunitaria en Huara consolidó el espíritu de unión de las familias pampinas, quienes ya aprontan sus fuerzas para las actividades en torno a La Coruña.

La Coruña: Una herida abierta de 2.000 almas

La conmemoración central tuvo como eje la trágica jornada del 5 de junio de 1925. En plena crisis de la industria del “oro blanco”, miles de obreros exigían condiciones mínimas de humanidad: el fin del pago en fichas, seguridad en las faenas, viviendas dignas y la jornada de las 8 horas (los históricos “tres ochos”: trabajo, ocio y descanso).

La respuesta del gobierno del presidente Arturo Alessandri y su ministro de Guerra, Carlos Ibáñez del Campo, fue implacable. El Ejército y las fuerzas policiales sitiaron La Coruña, bombardeando y ametrallando el recinto incluso después de que los trabajadores izaran banderas blancas de rendición. Aunque el informe oficial de la época intentó sepultar la verdad reportando solo 59 muertes, los historiadores independientes estiman el saldo real en cerca de 2.000 víctimas fatales, incluyendo a mujeres y niños.

Un programa cultural con sentido de trinchera

El acto oficial, conducido por Carlos Díaz en la sede de Aníbal Pinto #1330, transformó el escenario en una plataforma de resistencia cultural. La programación tejió puentes entre la investigación académica y la proclama social:

– Historia y Debate: Los bloques teóricos estuvieron liderados por el historiador Paulo Lanas, quien expuso sobre las tensiones étnicas y laborales en la pampa profunda, y la Dra. Ivanna Margarucci Ezquerro, quien conectó las memorias obreras del norte grande con el altiplano boliviano.

– Música de Raíz: El Grupo Los Wilas (cuyo nombre aymara significa rojo) encendió la mística del Canto Nuevo y la canción de resistencia popular latinoamericana. Asimismo, el cantautor Harold Hurtado presentó su propuesta musical “Humedeciendo terreno árido”.

– Teatro, Circo y Memoria: La reconocida artista local Anyeli Olmos Jorquera (dirigente de SIDARTE Tarapacá y SACTARA) conmovió a los asistentes con una performance que fusionó el teatro y el Multiball contact(malabarismo de contacto), creada especialmente en memoria de las mujeres y niños asesinados en La Coruña. “Mi arte es mi arma de conciencia, mi cuerpo expresa fuertemente lo que los demás callan”, declaró la intérprete.

– Hermandad Transfronteriza: El cierre folclórico estuvo a cargo de la agrupación boliviana Norteñitas y sus Forasteros, quienes desplegaron la alegría, el zapateo y el coqueteo del huayno proveniente de los valles de Sucre y Potosí, liderados por su Ñusta Noemí Kamacho y la Miss Cholita Marta Ojeda.

Las voces directas: “La memoria es un hilo continuo”

Las alocuciones de las dirigentas sindicales marcaron los puntos más altos de contenido político de la jornada, conectando las injusticias del siglo pasado con la actual coyuntura nacional.

Esmeralda Contreras (Presidenta de la CUT):

“Recordamos 1925 para que nunca más en Chile se repita la violencia contra los trabajadores. Seguiremos luchando para que esta historia esté en los textos escolares, que la conozca todo Chile y el mundo. Hoy los derechos sociales y laborales están en peligro con un gobierno que solo quiere privilegiar a los más ricos, un gobierno que solo reprime y no dialoga. Para que nunca más se repitan estos crímenes, hay que rescatar nuestra historia y reconocernos como clase obrera”.

Stephanie González (Secretaria General de la CTC):

La representante de la Confederación de Trabajadores del Cobre trajo la perspectiva de la minería actual, trazando un paralelismo directo entre la pampa salitrera y las cordilleras modernas:

“Tarapacá es la cuna del movimiento obrero chileno, un suelo regado con la sangre de miles que nos antecedieron. Ayer fueron las compañías salitreras las que fragmentaron a la clase obrera; hoy es el sistema de subcontratación el que cumple ese rol en la gran minería. El subcontrato divide a la ‘tribu’ obrera y establece trabajadores de primera y segunda categoría”.

González reivindicó las conquistas recientes como la Ley de 40 Horas, recordando que no nació entre cuatro paredes en Santiago, sino que es heredera directa de la huelga por los ‘tres ochos’ de 1925. “Defender las 40 horas es defender el derecho a tener una vida, a criar a nuestros hijos y a construir comunidad”.

Finalmente, lanzó una dura advertencia contra el avance de los sectores conservadores: “Debemos conocer nuestra historia ante el negacionismo que busca limpiar la imagen del dictador, de los torturadores y de los asesinos. Los derechos laborales hoy están en peligro constante bajo la amenaza que representa el proyecto fascista del presidente José Kast. Miren a nuestros hermanos argentinos y cómo han desbaratado la educación, la salud y la dignidad laboral bajo falsas promesas. La verdadera libertad es organización, solidaridad y revolución”.

El encuentro concluyó con un cerrado aplauso y el compromiso unánime de las organizaciones sociales de mantener en alto las banderas de La Coruña, demostrando que a 101 años de la masacre, la pampa sigue viva, exigiendo justicia y organización.

Reflexión Final: El Deber de la Memoria y el Espejo de la Historia

Más allá de las cifras, las ponencias y los acordes que resonaron en Iquique, la conmemoración de los 101 años de las matanzas de 1925 deja una certeza grabada a fuego: la memoria histórica no es un ejercicio de nostalgia, sino un arma cargada de futuro. Para las y los trabajadores de hoy, recordar La Coruña, Marusia o la Escuela Santa María no es solo mirar el pasado con dolor; es mirarse en un espejo que devuelve las mismas urgencias, los mismos abusos y la misma necesidad de organización que movilizó a los pampinos hace un siglo.

La historia del movimiento obrero chileno demuestra que ningún derecho ha sido un regalo del poder o de la benevolencia empresarial. Cada jornada laboral justa, cada medida de seguridad en una faena y cada espacio de dignidad conquistado ha sido pagado con el sudor, la persecución y, demasiadas veces, con la sangre de la clase trabajadora. Por eso, disputar el relato histórico frente al olvido institucional y el negacionismo no es opcional; es un deber de supervivencia sindical.

Conmemorar es, en su sentido más profundo, volver a pasar por el corazón. Es el hilo invisible que conecta al obrero que exigía el fin de las fichas en el desierto salitrero con el minero que hoy lucha contra la precarización del subcontrato en las altas cordilleras. Al mantener viva la memoria de sus mártires, la clase trabajadora chilena no solo honra a quienes lo dieron todo, sino que blinda sus conquistas actuales y siembra la conciencia necesaria en las nuevas generaciones para las batallas que están por venir. Porque un pueblo que olvida sus derrotas está condenado a repetirlas, pero una clase obrera que abraza su historia se vuelve invencible.

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